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:::OBAMA ACELERA EL FIN DEL NEOLIBERALISMO:::



CÓMO EL TRIUNFO DE OBAMA INFLUIRÁ EN EL MUNDO
Mirado en su conjunto, el ideario de Obama muestra un importante traspaso de poder y riqueza desde manos privadas al Estado. Su postura corresponde a la de los gobiernos socialdemócratas o comúnmente señalados como de centro izquierda.

La victoria de Barack Obama marca un hito. Y no sólo porque un negro gobernará el país lo cual, dicho sea, es un gran tributo a la apertura de la sociedad estadounidense. Cuesta pensar en que en otro país pudo ocurrir algo semejante. Pero el color de la piel de Obama es algo secundario. No cabe duda que tiene excepcionales dotes retóricas y un carisma que cautivó a muchos y, en especial, a la juventud. Pero ninguna virtud personal le hubiese bastado para ganar las elecciones. En tiempos de incertidumbre, con guerras en curso en Irak y Afganistán, y con una crisis económica cuya magnitud no se termina de aquilatar, los votos fueron para el desconocido que proclamó el lema "sí, podemos" y enarboló una bandera con una sola palabra que lo resumió todo: "Cambio".
¿Cuál es el cambio que quieren los electores estadounidenses y buena parte del mundo? Que se les tome en cuenta y se les incluya en los avances de la sociedad. El "sí, podemos" encarna el empoderamiento de la ciudadanía. Fue esta idea la que convenció a una cantidad récord de jóvenes para que votaran por primera vez, y a decenas de miles participaran como voluntarios para trabajar en las campañas. La esperanza que es la gente y no los mercados los que tienen la última palabra. La doctrina neoliberal que ha dominado el mundo durante las últimas tres décadas ha exaltado el culto al individualismo y el consumo. El gurú de esta ideología funcional a los que detentan el poder económico es el economista Milton Friedman. Mientras menos injerencia estatal, mejor funcionan los balances entre oferta y demanda y la consiguiente asignación de los recursos. Reducir los estados a su mínima expresión, barrer con las regulaciones y dejar operar al mercado es el camino más rápido para generar riquezas. En rigor esto es así, y por ello fue música a los oídos de la banca y las grandes corporaciones. Todos competirían en un mismo terreno llano en igualdad de condiciones. Pero, como era previsible, no fue así: los fuertes se hicieron mucho más fuertes y los más débiles sólo un poco menos débiles. El adalid político del neoliberalismo fue el Presidente Ronald Reagan, quien proclamó: "El gobierno no es la solución para nuestros problemas, el gobierno es el problema". Esto equivalía a descartar la política. Lo correcto era dejar que los mercados hicieran su trabajo silencioso y buscar, por todos los medios, obtener los beneficios de bolsas de valores, que subían año tras año. Millones de estadounidenses y personas de todas las latitudes construyeron fortunas a base de la especulación financiera. Así creció la apatía política y los ideales solidarios dieron paso al afán consumista. El modelo ya no era el revolucionario soñador, sino que el empresario conquistador de las cimas económicas.
¿Cuál es el cambio que proclama Obama? La vuelta a la política y dar a los electores el poder que les fue enajenado por los mercados. Es la vuelta del Estado para aplicar regulaciones allí donde se estimen necesarias.
Wall Street, o si prefiere la banca, en 1980, al inicio de la era neoliberal, obtenía 10% de las ganancias corporativas. El año pasado obtuvo el 40% de dichas ganancias y también demostró de forma contundente que la autorregulación era un mito, a tal punto que numerosos bancos centrales han transferido enormes fortunas a los privados para impedir el colapso de sus respectivas economías.
Las promesas de Obama
Termina así el ciclo de la ideología del liberalismo para el gran capital. Es cierto que se generaron grandes capitales, pero es igualmente cierto que se crearon enormes brechas entre los más ricos y los pobres. Obama ha prometido que pondrá el gobierno al servicio de los más necesitados. Si cumple, se volverá a los impuestos para redistribuir la riqueza. El programa demócrata prevé mayores impuestos para el cinco por ciento más rico de la población y las ganancias excesivas de las empresas. Aumentará el gasto fiscal en construcción e infraestructura. Washington abandonará la pasividad en materia energética, que tanto favoreció a las empresas petroleras, y se subvencionará el desarrollo de las energías renovables. Todo con miras a disminuir la dependencia de las importaciones petroleras desde el Medio Oriente. El Mandatario electo espera que en una década su país ya no requiera importaciones -que alcanzan a los 500 mil millones de dólares- en hidrocarburos. Para asegurar mejores salarios se fortalecerá a los sindicatos, facilitando los sistemas de reclutamiento. Mirado en su conjunto, el ideario de Obama muestra un importante traspaso de poder y riqueza desde manos privadas al Estado. Su postura corresponde a la de los gobiernos socialdemócratas o comúnmente señalados como de centro izquierda.
Lo que le espera a América Latina
Desde una perspectiva internacional, el nuevo ocupante de la Casa Blanca es un revés para los sectores conservadores. El Presidente boliviano Evo Morales señaló con humor: "Yo no sé qué está pasando en el mundo: en Bolivia, un indio es Presidente. Y ahora, en Estados Unidos, un negro". Pero el que realmente está a la espera de un cambio es el gobierno cubano. Obama planteó en su campaña que estaba dispuesto a dialogar con Raúl Castro, y adelantó que levantaría algunas restricciones para los viajes de sus compatriotas a la isla y los envíos de remesas. De hecho, estas solas medidas ya inquietan a las autoridades cubanas. Según algunas proyecciones, la liberalización de viajes estadounidenses a Cuba tendría un impacto formidable, tanto económico como cultural. Se calcula que cientos de miles de turistas podrían "invadir" La Habana y las hermosas playas que la circundan. Para algunos funcionarios del régimen cubano ello podría convertirse en un abrazo del oso. Otros, en cambio, estiman que los favorecerá. Es llamativo que Obama ganara en Florida, donde reside el grueso de los exiliados cubanos, pese a sus declaradas intenciones de abrir el diálogo con el régimen comunista. En lo que respecta al Presidente venezolano, Hugo Chávez, éste ha tomado una actitud de cauta espera, pero ha adelantado que está abierto a una "agenda bilateral constructiva". Ello debería considerar, de entrada, el retorno de los respectivos embajadores expulsados en forma recíproca. Para Chávez un acercamiento de Washington a la región le privaría de una de sus principales banderas de lucha. Aquella de unir a América Latina frente al imperio. En cuanto a los perjudicados con la elección del nuevo gobierno destaca el Presidente colombiano, Álvaro Uribe, quien asumió el papel de más estrecho aliado de la saliente administración de George W. Bush. Las esperanzas colombianas de firmar un tratado de libre comercio con Estados Unidos, con toda probabilidad, quedarán archivadas. Los demócratas, que salieron fortalecidos tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado, son hostiles al tratado con Bogotá. Obama, en particular, se enfrentó con McCain sobre el tema en el último debate presidencial. McCain lo criticó por no favorecer a un aliado estrecho que representaba mil millones de dólares en exportaciones. Obama le respondió que era contrario a firmar un tratado con un país donde son violados los derechos humanos y se asesina a dirigentes sindicales. Estos dichos son una advertencia también para otros países. El gobierno de Bush postuló que los tratados de libre comercio eran exclusivamente sobre comercio. Los demócratas, en cambio, plantean que también deben considerarse cláusulas laborales y medioambientales: aquellos países que no respetan las libertades sindicales o no aplican medidas de protección medioambiental deben sufrir sanciones comerciales. Este es un tema delicado para algunos gobiernos latinoamericanos, ya que si bien las reservas de los demócratas son válidas, hay quienes sospechan que se prestan para ser usadas por grupos de interés para aplicar medidas proteccionistas encubiertas.
Obama fue elegido porque sus planteamientos sintonizaron con las demandas del electorado. Quizá no es una coincidencia que en China, en forma independiente, como ha ocurrido a la lo largo de la historia, los dirigentes comunistas llegaron a conclusiones similares. Luego de 30 años de la política de "apertura y reforma", caracterizada por un crecimiento formidable pero desbocado, Beijing ha resuelto hacerse cargo de la reducción de la brecha social y el deterioro del medio ambiente. De la misma manera, el viraje que se anuncia en Estados Unidos marca el ocaso del neoliberalismo.

RAÚL SOHR (Fuente: Diario LA NACIÓN) - 09/11/08

 

 

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